sábado, 19 de enero de 2013

Violada, maltratada y amenazada por lesbiana


ALICANTE. El país con un mayor grado de violencia de todo el mundo, según Cruz Roja, es Honduras. Una violencia latente que se ceba, en especial, con la población homosexual. Ana es hondureña. Tiene 26 años y llegó a Alicante en marzo del pasado año. Ha sabido hace algunos días que la Oficina de Asilo y Refugio, dependiente del Ministerio del Interior, ha resuelto de forma favorable su solicitud de asilo político. Escuchar su historia estremece. Pero más aún el miedo que le impide mostrar su rostro o dar su nombre verdadero.
Activista de la organización Arco Iris, que promueve el respeto al colectivo homosexual en Honduras, ha sufrido durante años insultos, vejaciones y amenazas de muerte por su condición de lesbiana. Con 16 años fue violada y quedó embarazada de su hija. El rechazo de su propia familia, que no admite la homosexualidad, le hizo formar pareja con un hombre y, fruto de esa relación, nació su hijo pequeño. Sin embargo, no pudo mantener mucho tiempo, lo que para ella era una farsa. Cuando le confesó a su pareja que en realidad se sentía atraída por las mujeres, fue víctima de malos tratos tanto físicos como psicológicos. Sus familiares nunca la apoyaron. «Para ellos la homosexualidad es tabú, un delito, porque son muy religiosos. Quisieron hasta quitarme a mis hijos por ser lesbiana. Yo creo en dios, no tengo nada contra la religión. Pero es que en mi país son fanáticos», afirma.
Formar parte de la Asociación Arco Iris cambió su vida. No sólo decidió declarar abiertamente su orientación sexual, sino implicarse en la defensa del colectivo en un país profundamente homofóbo.
Ana relata que tras el golpe de Estado del 28 de junio de 2009, la violencia contra los homosexuales se recrudeció. «Se generalizaron las amenazas, los golpes y las agresiones sexuales a mujeres lesbianas no sólo por parte de la policía, sino de cualquier persona. En Honduras hay muchos crímenes de odio. Varios compañeros de Arco Iris aparecieron muertos y empecé a sentir miedo de verdad. Pensé que yo podría morir también y que mis hijos se quedarían sin su madre. Ese pensamiento horrible fue lo que me hizo huir», explica. Llegó a España el 8 de marzo del 2012 y el día 25, ayudada por Cruz Roja Alicante, solicitó el asilo político que le acaba de ser concedido. Ahora, su principal objetivo es traerse a sus dos hijos. Según cuenta, escapó sola porque era demasiado arriesgado llevarse a sus hijos. Los dejó al cuidado de su abuela hasta poder hacerse cargo de ellos de nuevo.
«Ellos son mi vida. No quiero que crezcan en un lugar tan machista e intolerante. Me duele decir esto, porque es mi país, pero así es. Y no creo que cambie», afirma.
La pareja de Ana es una joven compatriota de 22 años. También fue violada por ser lesbiana e igualmente ha sufrido golpes y amenazas. Escapó del país poco después que ella, y ahora viven juntas en uno de los pisos de acogida de Cruz Roja. Tienen planes de boda, y sueñan con traerse a los niños y formar la familia que en Honduras les fue negada.
La pesadilla ha quedado atrás. Pero aun así, es difícil olvidar el miedo.

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